Silencio oficial sobre la contaminación del suelo en China



La contaminación avanza en China y el gobierno no brinda información

Fecha de Publicación
: 19/01/2014
Fuente: El País (España)
País/Región: China


Entre los metales pesados que se filtran a los cultivos, el cadmio es el que genera mayores riesgos sanitarios
El proceso de la granja a la mesa en China empieza en poblados como Chnjiawan en el corazón agrícola. Comida de los campos de Ge Songqing y sus vecinos termina en sus cocinas o en el mercado local y, desde ahí, va a otras provincias. Los alimentos son productos básicos de la cocina china: arroz, col, zanahoria, nabo y camote.
Sin embargo, los campos están rodeados por fábricas y son irrigados con aguas contaminadas por desechos industriales. Los niveles tóxicos de metales pesados en el vertedero local están entre los más altos de China, en tanto residentes locales temen que el suelo esté contaminado de manera similar. Si bien no tienen evidencia científica, sospechan que una ola de muertes por cáncer está vinculada con la contaminación, y les preocupa los niveles de plomo en la sangre de los niños.
"Por supuesto que siento miedo", dijo Ge, quien ronda los 60 años, señalando a las chimeneas a la distancia sobre sus campos y los canales de irrigación estancados, llenos de algas, rodeando un hogar que ella comparte con una nieta y su marido, un ex soldado. "Sin embargo, nosotros no hacemos revisiones físicas. Si descubrimos que tenemos cáncer, es tan solo una pesada carga para los hijos".
Con la conciencia en aumento sobre la severa degradación ambiental de China, se ha dado un repunte del nerviosismo durante el último año entre chinos comunes y algunos funcionarios en torno a la contaminación del suelo en los centros agrícolas del país y los efectos potenciales sobre la cadena alimenticia. En años recientes, el gobierno ha conducido amplias pruebas del suelo a lo largo de China, pero se ha negado a divulgar los resultados, exacerbando el temor y dificultándole al chino común juzgar lo que come y precisar cuáles son las fábricas transgresoras. Días atrás, un viceministro de tierra y recursos, Wang Shiyuan, ofreció un alarmante atisbo a resultados oficiales cuando, en rueda de prensa, dijo en Beijing que 3,2 millones de hectáreas de tierra agrícola de China, equivalente al tamaño de Maryland, se había contaminado tanto que "no debería permitirse" la plantación de cultivos en ella.
Llegó un momento indicativo en mayo, cuando funcionarios en la provincia de Guangdong, en el lejano sur, dijeron que habían descubierto niveles excesivos de cadmio en 155 muestras de arroz tomadas de mercados, restaurantes y bodegas. De esos, 89 eran de la provincia de Hunan, donde Ge labra la tierra.
El informe desató el temor a lo largo del país. En junio, el China Daily, periódico oficial en la lengua inglesa, publicó un editorial diciendo que "suelo contaminado con metales pesados está erosionando los cimientos de la seguridad alimentaria del país y convirtiéndose en un peligro de salud pública en el horizonte".
Un sexto de la tierra arable de China -casi 20 millones de hectáreas- padece contaminación del suelo, con base en un libro publicado este año por el Ministerio de Protección Ambiental de China. Este libro, "Contaminación del suelo y salud física", decía que más de 13 millones de cultivos cosechados cada año estaban contaminados con metales pesados, en tanto 8,9 millones de hectáreas de tierra agrícola fueron dañadas por pesticidas.
Sin embargo, el gobierno se ha negado a divulgar los detalles de la contaminación, dejando en ascuas tanto a agricultores como consumidores con respecto a los niveles de contaminantes en la cadena alimentaria. El sondeo del suelo, completado en 2010, ha estado bajo llave como un "secreto de estado".
"Nosotros pensamos que siempre es el derecho de la población saber cuán mala es la situación", dijo MaTianjie, activista en Greenpeace de Asia Oriental que está investigando suelo tóxico. "La población china puede aceptar el hecho de que nuestro ambiente está contaminado. Lo importante es darles los medios para desafiar a contaminantes y mejorar el ambiente, y no solo dejarlos sin saber nada".
Importantes funcionarios han reconocido el problema, al menos en cierto grado. En enero, el Consejo de Estado, el Gabinete chino, anunció que crearía un sistema para vigilar ampliamente la contaminación del suelo para 2015 y promover proyectos piloto para su tratamiento.
Algunos académicos dicen que la contaminación del suelo es particularmente aguda en la provincia de Hunan, el tazón de arroz de China. En 2012, Hunan produjo 17 millones de toneladas de arroz, 16 por ciento del total nacional, con base en una empresa de investigación de mercado.
La provincia también es uno de los principales productores de China de metales no ferrosos. Debido a esto, es el principal contaminador de cadmio, cromo, plomo y arsénico no-metálico, con base en datos reunidos en 2011 por el Instituto de Asuntos Públicos y Ambientales, grupo de investigación con sede en Beijing.
Ese año, la provincia fue responsable por 41 por ciento de la contaminación del país por cadmio cuando se mide por su presencia en aguas residuales de tipo industrial; el número no ha descendido por debajo de 30 por ciento desde 2004, cuando los datos fueron reunidos por primera vez por el grupo. El agua residual es descargada en ríos, donde fluye al interior de canales de irrigación.
"Existe presión del gobierno central sobre Hunan para que mantenga un alto nivel de producción de arroz", dijo Ma, el director de programa de Greenpeace. "Por otra parte, la producción de arroz nunca genera el mismo crecimiento del PIB que el desarrollo industrial".
La abundancia de metales sin procesar en Hunan ha conducido a un impulso de dirigentes del Partido Comunista por desarrollar la industria, dejando a funcionarios atrapados en lo que Ma llama un choque de dos imperativos: "Tienen que alimentar al país con su arroz, pero desean aumentar el nivel de su economía".
Entre los metales pesados que se filtran a los cultivos de Hunan, el peor pudiera ser el cadmio, que en altos niveles ha sido vinculado a falla de órganos, debilitamiento de huesos y cáncer, informan científicos.
Con frecuencia cada vez mayor, organizaciones noticiosas de China están informando sobre racimos de comunidades que presentan altas tasas de cáncer, haciendo que surjan interrogantes sobre el vínculo potencial entre cáncer y diversas formas de contaminación. Algunos científicos ahora están conduciendo estudios.
En julio, el Centro Chino de Control de Enfermedades y Contaminación publicó algunos hallazgos de un estudio que marcó una conexión directa entre contaminación del río Huai, que cruza varias provincias en el centro de China, y altos índices de cáncer entre personas que viven junto al río.
Aquí en Hunan, y particularmente en esta área administrada por Ciudad Hengyang, que incluye la comunidad de Ge, las historias de cáncer son comunes.
Una mujer en la comunidad de Liujiacun dijo que su marido había muerto de cáncer del hígado ya entrados los 50 años. "Él no trabajaba arduamente, no fumaba y solo bebía un poco", dijo la viuda, quien solo dio su apellido, Li. Al igual que en otras comunidades en la cercanía, los cultivos aquí parecen marchitos y el pozo de la aldea está tapado de fango verdoso. Todos estos eran cambios importantes respecto de la infancia de Li, dijo.
Aún hay 20 personas viviendo en Chenjiawan actualmente, respecto de los aproximadamente 100 pobladores que había en 2007, en su mayoría ancianos, dijo Ge, agregando que muchas muertes recientes habían sido por cáncer.
No existen datos públicos que tracen una conexión directa entre estos casos y las fábricas que asoman sobre la tierra agrícola. Sin embargo, un estudio de 2009 publicado en un diario chino decía que los principales cultivos del área estaban "en alto riesgo de contaminación por metales pesados", y que apenas menos de la mitad podía ser catalogado "seguro" o "bueno".
No se han dado señales de acción con respecto al objetivo anunciado del Consejo de Estado de una amplia supervisión y tratamiento de contaminación del suelo, en tanto en la rural Henan, los agricultores siguen temerosos, pero fatalistas.
"Naces en esta tierra, creces sobre esta tierra, y no puedes hacer nada al respecto", dijo Ge, sentada en un callejón junto a un cubo de zanahorias. "Los más vulnerables han muerto. Nosotros seguimos aquí, consumiéndonos".
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